A continuación me permito postear un artículo publicado en el diario La Razón el día de hoy 21/04/04 escrito por el ingeniero Antonio Soruco Villanueva. El artículo en sí es muy ilustrativo y creo que sintetiza el pensar de la mayoría de los bolivianos que "creemos tener" dos dedos de frente; no digo la mayoría de los bolivianos porque parece que hay demasiada gente que está ciega a la realidad, el resto es el "autodenominado pueblo" que jode y se jode así mismo todos los días. A continuación el artículo (si tengo tiempo lo traduzco al inglés, pero por el momento no tengo tiempo):
MAÑANA PARECE UN SUEÑO por Antonio Soruco Villanueva
Cómo se hace para tener autoridad y mantener el orden público sin utilizar la fuerza por más legitimidad que se tenga? ¿Cómo se conjuga el deseo de no hacer mal a nadie y a la vez estar obligado a elevar los impuestos, rebajar los salarios, imposibilitado de atender las demandas universitarias, la jubilación de miles de trabajadores, satisfacer las demandas regionales, gremiales, etc.? ¿Cómo establecer relaciones armónicas y duraderas con los cocaleros si éstos sólo quieren sembrar coca a destajo y enfrentarse con el mundo civilizado? ¿Cómo se puede gobernar un país en quiebra apelando únicamente a la razón, a la lógica, al patriotismo a fin de que sus habitantes entiendan que es preciso sacrificarse aún más y postergar las demandas sociales por legítimas que sean?
Estamos inmersos en una espiral suicida donde las demandas sociales superan por mucho la capacidad de un Estado quebrado, desprestigiado, cada vez más débil e inoperante. Como un perro rabioso tratamos de mordernos la cola en un inútil intento de atenuar el sufrimiento. Ya no importa quién nos gobierne Siles o Banzer, Sánchez de Lozada o Mesa, el despelote se repite y acrecienta. Los diálogos se tornan cada vez más virulentos e irracionales. Hasta hemos aprendido a inmolarnos a fin de arrancarle al Estado concesiones insostenibles, ilógicas o pedirle que cumpla lo que se vio forzado a acceder en momentos de debilidad o demagogia.
En Bolivia ya hay muy poco que repartir así piensen lo contrario algunos afiebrados dirigentes. Aparte de las tierras que parecen inmensas pero inaccesibles por falta de caminos, servicios y mercados sólo nos queda, después de la quiebra minera, el gas y sus derivados hoy en manos de poderosas transnacionales.
Allí hemos fijado nuestra mirada y esperanza, y no sabemos qué hacer para apropiarnos de este último regalo de Dios. Estamos tan pobres que hasta tener una casa parece una exageración o un despilfarro. Ganar tres mil dólares una afrenda inconcebible, andar en un auto Mercedes que en muchas partes del mundo funcionan como taxis un desafío temerario, caminar por la ciudad de El Alto a pleno sol con la cara descubierta una provocación. Estamos fritos.
Para empeorar las cosas tenemos un buen Presidente con una gran popularidad, pero huérfano de apoyo político. La aprobación de cada ley es tan difícil como sacarle una muela a un león dormido. Parece que la falta de apoyo popular de nuestros representantes nacionales, debilitados a partir de octubre pasado, los ha vuelto cada vez más exigentes y soberbios. Mientras tanto se debilitan más las finanzas públicas, el sistema productivo y bancario, se azuzan las presiones regionales. Mañana parece un sueño.
La falta de autoridad y eficiencia del Estado es francamente preocupante. Reina la anarquía, la desobediencia civil. Hasta se empieza a hacer justicia por mano propia. Poderosos intereses terratenientes bloquean las iniciativas gubernamentales y lo obligan a cambiar de estrategia. Los contrabandistas se levantan y le doblan el brazo al Ejecutivo pidiendo plazos extraordinarios de legalización o arancel cero para los bagalleros de Yacuiba. Sobre llovido mojado, cada día peor.
Como alguien decía somos la luz de una estrella muerta. Subsistimos por inercia y al paso que vamos ni el referéndum ni la Constituyente nos sacará del agujero negro en que nos hemos metido.