La vestimenta del Presidente Electo ha dado mucho que hablar últimamente he podido leer y escuchar varias opiniones locales e internacionales al respecto que respaldan o critican la informalidad en el vestir del Sr. Evo Morales. ¿Es que dadas las características de los resultados electorales (en el que un indígena se hizo democráticamente y por mayoría del poder) ahora resulta curioso e interesante para la sociología interpretar las particularidades y costumbres de un indígena en situaciones poco cotidianas, sino inéditas, para la gran parte de sus congéneres aquí y en otras latitudes? y es que algunos alaban y apelan a la metalectura de la conducta del Presidente Electo para ensalzar el valor de romper el protocolo. Personalmente creo que el Sr. Morales está dando muestras de una personalidad intolerante que esperemos sea un error de percepción del que suscribe y que no sea una característica constante de su futuro gobierno.
Entre las tantas opiniones que he escuchado y leído (no recuerdo todas) me ha llamado la atención una plasmada en un artículo escrito por un ciudadano español que parece percibir la vestimenta del Sr. Morales como una declaración de protesta al estilo de los que fueran denominados “sans culotte” en Francia (publicado en la prensa local hace unos días); puede ser que efectivamente sea esa la intención, pero el mensaje principal que percibimos los espectadores con sentido común de las visitas del Sr. Morales a España, China y otros países que ha visitado es de falta de respeto, pues, entre los varios consejeros y allegados que lo acompañan me rehuso a pensar que ninguno tenga la más mínima noción de protocolo o fisonomía similar a la de su líder (sus anfitriones no se hubiesen dado cuenta si el terno era prestado o no). Dejando a un lado la ironía, efectivamente es más importante la persona y la esencia que la envoltura, pero las normas sociales que nos han tocado vivir y los escenarios a los que está llamado a participar el Presidente Electo, lo obligan a que vista a la altura de las circunstancias; sin duda el esfuerzo que haga el Sr. Morales para corregir su conducta en este sentido, creo que será apreciado por la mayoría de la población, lo cortez no quita lo valiente.
El hecho de ser invitado a un país y de reunirse con determinadas autoridades o personalidades obligan a uno, aunque sea como muestra de simpatía y agradecimiento (porque de lo contrario es mejor declinar una invitación), a respetar los usos y costumbres principales y elementales del anfitrión (máxime tratándose de países afines a la línea política que parece que va ha imprimir el gobierno de Morales). En el caso particular del Sr. Morales, hubiese sido mucho mejor realizar la gira alternativamente con atuendos originarios de impecable presentación y pulcritud, o, con trajes formales de cualidades similares sin necesidad de entrar en consideraciones ridículas de marca o precio que son irrelevantes.
Con justa razón un diplomático español reclamó la falta de protocolo y la permisividad de su gobierno, pero creo que la permisividad de las cancillerías de los países que se ha visitado tiene una explicación a la altura de la raisson d’etre de esas instituciones: han preferido tomar este impasse como una oportunidad de mostrar ejemplo de tolerancia y respeto hacia la diversidad de pensamiento y libertad de acción evitando un desplante y posteriores titulares sensacionalistas, y, quien sabe, en casos extremos talvez un probable resentimiento eterno del Sr. Morales y de quienes lo acompañarán en la conducción del país (esperamos fervientemente) el periodo constitucional que le toca en derecho presidir. De persistir la falta de protocolo del Sr. Morales podría dar la impresión de que tales actos no fueron cometidos por ingenuidad o calculada rebeldía, sino, peor aun, fueron premeditados para incomodar a los anfitriones sirviéndose además de la cobertura internacional para propalar un mensaje de intolerancia y falta de tacto más que de rebeldía.
Próximamente el Sr. Morales asumirá el mando de la nación, la mayoría de los bolivianos sabemos que enfrenta muchos retos y que no tiene la formación de un presidente “tradicional”, esperamos que tampoco adolezca de las limitaciones y taras de muchos presidentes “tradicionales” que nos han gobernado. La educación que menciono en líneas anteriores es muy útil pero sin duda existen otras cualidades más importantes como la humildad y la honradez, si el Sr. Morales las posée no debemos preocuparnos demasiado, pues buscará el asesoramiento adecuado que le permitirá retribuir la confianza que la mayoría de los bolivianos le ha manifestado a través del voto y retribuirá también la tolerancia que la comunidad internacional le ha brindado en la persona de sus primeros anfitriones.
Suficiente cobertura se le ha dado a este tema, con este artículo pretendo apelar a la razón de quienes aplauden la falta de protocolo y de aquellos que ignorantemente interpretan la tolerancia de la comunidad internacional como un signo de debilidad, o peor aun, como señales de victoria del supuesto mensaje de “rebeldía”. Pido disculpas a todos por escribir bajo un seudónimo, no lo hago por miedo de dar mi nombre, existe una razón práctica: como ya estoy harto de este tema bajo el anonimato no tendré que discutir sobre este asunto con algunos amigos, compañeros de trabajo, familiares y conocidos que opinan diferente (pues los hay) y que, luego de haber leído el presente artículo, todavía sientan que los primeros pasos del Presidente Electo son correctos y bien orientados.